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Sacando los higados
Creo que las últimas semanas me han cacheteado feo en la moral. Me siento un poco frustrada con ciertos aspectos de mi vida, que si bien me veo recompensada con creces con el corazón lleno de amor; el otro 20% del resto es bastante patetico.
En parte hacer lo que a uno no le gusta y en parte sentir que la vida no se dirige a ningún lado. Definitivamente esa es una de las razones por las que no me gusta pensar en “el tiempo lo dirá” porqué ¿y si me muero mañana? Eso quiere decir que el tiempo no quiso darme nada. No me gusta cuando el sentimiento de fracaso anticipado me embarga, es algo así como auto-empujarme a un pozo y comenzar a escarvar con las manos buscando nada en especial más que enterrarme en un hoyo y esperar a que me coman los gusanos.
El problema es que sé lo que estoy haciendo mal ¿por que no estoy haciendo nada para corregirlo?
Te maldigo, menstruación. Seguro ya mero llegas y por eso estoy deprimida.
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Es un alivio a veces
Saber que no soy una tumblr star. De esa forma cualquier cosa que publique pasa totalmente desapercibida, lo que se traduce a que puedo decir una sarta de pendejadas que a nadie le van a importar.
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Voy a robarme las citas de otros, porque parece que las escribieron especialmente para que te las dedicara a ti, con las palabras correctas de la idea que había en mi cabeza.
Tania
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Puedo ser nada, pero sin duda quiero serlo todo.
Tania
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Y sin importar el obstáculo, el mundo no se acaba.
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Nadie nunca me advirtió que esto sería así…
y me alegro, así no me arruinaron la sorpresa.Tania -
Cosa estúpida eso de querer deprimirse cuando la felicidad es más rentable.
Tania
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Según una antigua leyenda oriental, las personas se encuentran unidas por un hilo de color rojo a todas aquellas personas que están predestinados a conocer.
En Japón se cree que este hilo invisible se ata al dedo meñique, puede enredarse, alargarse, acortarse… pero nunca romperse.
Esta creencia comenzó cuando se descubrió que la arteria ulnar une el corazón con el dedo meñique, de esta forma, se comenzó a pensar que este dedo unía a los corazones, simboliza por lo tanto el interés compartido y la unión de los sentimientos.
En China también se tiene el pensamiento pesimista de que a veces el hilo es tan largo que nunca se encontrará a la persona que se encuentra en el otro extremo, o que al estar roto y ser invisible nunca llegará el verdadero amor.
Otra interpretación japonesa cuenta que un anciano que vive en la luna, baja todas las noches a la tierra y busca aquellas almas que están predestinadas a encontrarse, y cuando las halla ata el hilo rojo a sus respectivos meñiques.
Este hilo por lo tanto, nos une a la persona que posiblemente sea la destinada a compartir nuestra vida.
Y a pesar de cualquier distancia, adversidad o circunstancia, el hilo rojo nunca se romperá.
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No son pocas las cosas por las que vale la pena estar aquí. No son pocas…
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La receta de la abuela
La abuela era la chef de chefs sin siquiera haber estudiado gastronomía. Ella siempre cocinaba los platos más deliciosos imaginables, y no importaba cuantas veces le diera la receta a otras personas, jamás nadie podía igualar el sabor de sus platos.
Un día especial, en el que yo tenía que preparar una comida importante, corrí a ella para rogarle que me ensañara a cocinar alguno de sus ricos manjares. Con dulce sonrisa y mirada amorosa me pasó la receta y me explicó la preparación. Feliz de la vida cuando creí que tenía entre mis manos algo igualable sólo a un secreto de estado, corrí a casa y procedí a preparar la torta de carne.
¡Cuál fue mi desilusión cuando no fue lo mismo! No sabía mal, claro, pero no fue lo mismo. Mi pastel de carne despertó el mismo interés que uno tendría por las noticias del clima en Tokelau.
Fui con la abuela lloriqueando, con actitud desafiante, a reclamarle que no me había pasado correcta la receta. ¡Yo había seguido todo al pie de la letra! Pero de todas formas había salido diferente. Fue entonces, después de que yo terminara mi diatriba y ella la escuchara con paciencia, cuando habló:
—Mi querida niña, para hacer comida deliciosa no debes hacer exactamente lo que te dice una receta, debes de ponerle sazón.
Al ver mi cara de obvio escepticismo, la abuela caminó a paso de tortuga hacia su sillón favorito –antes el del abuelo cuando vivía— y me invitó a sentarme.
—Es como la vida —dijo—. Nadie te puede decir cómo vivir. Cientos de libros siempre han intentado darles a las personas la fórmula para llevar la vida perfecta y feliz, y aunque bien ayudan, no funcionan. Las personas que siguen instrucciones al pie de la letra no pueden ser felices como lo fue el que escribió el libro, porque tanto el autor como el lector son diferentes en todos los sentidos posibles. Nacieron en lugares distintos, distinta también la familia, distinta la apariencia, la cultura y la forma de pensar.
Es verdad que el consejo siempre ayuda, pero la receta no va a funcionar. Lo mismo pasa entonces con la comida: has comprado los ingredientes indicados, y has hecho todo en tiempo y forma; pero las verduras son diferentes, siempre va a variar un poco su sabor de una a otra; las especias no son exactamente iguales aunque sean las mismas, tu horno es diferente al mío, tus recipientes, tus cuchillos, hasta tu tabla de cortar.
—Oh abuela —lloriqueé de nuevo descorazonada—. ¿Eso quiere decir que jamás cocinaré igual que tú?
—Exactamente. Podrás cocinar más delicioso, o delicioso en otro sentido, pero jamás igual. Si so-fríes la cebolla sola, sabrá diferente a si la so-fríes con el jitomate o con el ajo. Es la sazón y la paciencia el secreto de la comida sabrosa; así como el amor y la pasión el secreto de una vida plena. Los libros de auto-ayuda y las recetas jamás sirven de mucho.
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No es una experiencia personal del todo. Mi mamá siempre me dice que el secreto de la comida es el sazón, y cómo a mi me gusta hacer comparaciones, entonces le puse un poquito de mi “sazón” para crear este pequeño cuento que espero les guste.